sábado, 23 de octubre de 2010

¿Quién se enoja si se encienden las luces cuando oscurece, se prende el aire acondicionado si hace mucho calor, o la calefacción si se siente frío? ¿A quién le molesta que todos esos detalles se solucionen de manera autromática?

Esas y otras opciones dan a sus ocupantes los inmuebles más cómodos del mundo: los edificios inteligentes, así llamados por su sistema de control
autorregulado en materia de climatización, seguridad, interfonía, iluminación y protección contra incendios. El control inteligente gobierna instalaciones y zonas comunes. En los espacios privados coexiste con lo que los expertos llaman "preinfraestructura inteligente abierta", es decir, con la posibilidad de que el usuario maneje las cosas como mejor le acomode.

Algunos inmuebles antiguos se modernizan y adoptan algunos rasgos de los edificios inteligentes, pero sólo se considera como tal el que:

1. Usa eficientemente los energéticos (máxima economía)

2. Puede adaptarse, a bajo costo, a los continuos cambios tecnológicos requeridos por sus ocupantes y su entorno (máxima flexibilidad)

3. Suministra un entorno ecológico interior y exterior agradable, sustentable, seguro, enfocado a lograr la máxima eficiencia en el trabajo en un entorno de máxima comodidad para sus ocupantes (máxima seguridad)

4. Comunica su operación y mantenimiento (máxima automatización)

5. Opera y se mantiene bajo estrictos métodos de optimización (máxima predicción y prevención, refaccionamiento virtual).

Un edificio inteligente remite a estructuras modulares, a instalaciones ocultas de aluminio o de acero galvanizado, a aislantes térmicos y acústicos.

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